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Friday, October 11, 2013

Las tres hilanderas

LAS TRES HILANDERAS


Érase una niña muy holgazana que no quería hilar. Ya podía desgañitarse su madre, no había modo de obligarla. Hasta que la buena mujer perdió la paciencia de tal forma, que la emprendió a bofetadas, y la chica se puso a llorar a voz en grito. Acertaba a pasar en aquel momento la Reina, y, al oír los lamentos, hizo parar la carroza, entró en la casa y preguntó a la madre por qué pegaba a su hija de aquella manera, pues sus gritos se oían desde la calle. Avergonzada la mujer de tener que pregonar la holgazanería de su hija, respondió a la Reina:
- No puedo sacarla de la rueca; todo el tiempo se estaría hilando; pero soy pobre y no puedo comprar tanto lino.
Dijo entonces la Reina:
- No hay nada que me guste tanto como oír hilar; me encanta el zumbar de los tornos. Dejad venir a vuestra hija a palacio conmigo. Tengo lino en abundancia y podrá hilar cuanto guste.
La madre asintió a ello muy contenta, y la Reina se llevó a la muchacha. Llegadas a palacio, condújola a tres aposentos del piso alto, que estaban llenos hasta el techo de magnífico lino.
- Vas a hilarme este lino -le dijo-, y cuando hayas terminado te daré por esposo a mi hijo mayor. Nada me importa que seas pobre; una joven hacendosa lleva consigo su propia dote.
La muchacha sintió en su interior una gran congoja, pues aquel lino no había quien lo hilara, aunque viviera trescientos años y no hiciera otra cosa desde la mañana a la noche.
Al quedarse sola, se echó a llorar y así se estuvo tres días sin mover una mano. Al tercer día presentóse la Reina, y extrañóse al ver que nada tenía hecho aún; pero la moza se excusó diciendo que no había podido empezar todavía por la mucha pena que le daba el estar separada de su madre. Contentóse la Reina con esta excusa, pero le dijo:
- Mañana tienes que empezar el trabajo.
Nuevamente sola, la muchacha, sin saber qué hacer ni cómo salir de apuros, asomóse en su desazón, a la ventana y vio que se acercaban tres mujeres: la primera tenía uno de los pies muy ancho y plano; la segunda un labio inferior enorme, que le caía sobre la barbilla; y la tercera, un dedo pulgar abultadísimo. Las tres se detuvieron ante la ventana y, levantando la mirada, preguntaron a la niña qué le ocurría. Contóles ella su cuita, y las mujeres le brindaron su ayuda:
- Si te avienes a invitarnos a la boda, sin avergonzarte de nosotras, nos llamas primas y nos sientas a tu mesa, hilaremos para ti todo este lino en un santiamén.
- Con toda el alma os lo prometo -respondió la muchacha-. Entrad y podéis empezar ahora mismo.
Hizo entrar, pues, a las tres extrañas mujeres, y en la primera habitación desalojó un espacio donde pudieran instalarse.
Inmediatamente pusieron manos a la obra. La primera tiraba de la hebra y hacía girar la rueda con el pie; la segunda, humedecía el hilo, la tercera lo retorcía, aplicándolo contra la mesa con el dedo, y a cada golpe de pulgar caía al suelo un montón de hilo de lo más fino. Cada vez que venía la Reina, la muchacha escondía a las hilanderas y le mostraba el lino hilado; la Reina se admiraba, deshaciéndose en alabanzas de la moza. Cuando estuvo terminado el lino de la primera habitación, pasaron a la segunda, y después a la tercera, y no tardó en quedar lista toda la labor. Despidiéronse entonces las tres mujeres, diciendo a la muchacha:
- No olvides tu promesa; es por tu bien.
Cuando la doncella mostró a la Reina los cuartos vacíos y la grandísima cantidad de lino hilado, se fijó enseguida el día para la boda. El novio estaba encantado de tener una esposa tan hábil y laboriosa, y no cesaba de ponderarla.
- Tengo tres primas -dijo la muchacha-, a quienes debo grandes favores, y no quiero olvidarme de ellas en la hora de mi dicha. Permitidme, pues, que las invite a la boda y las siente a nuestra mesa.
A lo cual respondieron la Reina y su hijo:
- ¿Y por qué no habríamos de invitarlas?
Así, el día de la fiesta se presentaron las tres mujeres, magníficamente ataviadas, y la novia salió a recibirlas diciéndoles:
- ¡Bienvenidas, queridas primas!
- ¡Uf! -exclamó el novio-. ¡Cuidado que son feas tus parientas!
Y, dirigiéndose a la del enorme pie plano, le preguntó:
- ¿Cómo tenéis este pie tan grande?
- De hacer girar el torno -dijo ella-, de hacer girar el torno.
Pasó entonces el príncipe a la segunda:
- ¿Y por qué os cuelga tanto este labio?
- De tanto lamer la hebra -contestó la mujer-, de tanto lamer la hebra.
Y a la tercera
- ¿Y cómo tenéis este pulgar tan achatado?
- De tanto torcer el hilo -replicó ella-, de tanto torcer el hilo.
Asustado, exclamó el hijo de la Reina:
- Jamás mi linda esposa tocará una rueca.
Y con esto se terminó la pesadilla del hilado.


* * * FIN * * *


Wednesday, October 9, 2013

Un cuento para volar

¡Hola compañer@s!

Hoy comparto con vosotros un cuento infantil que estoy segura de que os va a encantar. Este cuento se llama El globito rojo. Este cuento ha sido recuperado por la editorial Kalandraka (es un clásico de 1967) escrito e ilustrado por Iela Mari. Este libro está traducido en tres idiomas más: gallego, catalán y portugués.


He elegido este cuento por dos motivos: en primer lugar,porque me ha parecido fascinante que este cuento no se termine en la última página, sino que al llegar al final se sigue contando el cuento del final al principio ; en segundo, porque me ha parecido muy interesante el hecho de que un globo se vaya convirtiendo en objetos y animales tan diversos como una mariposa, una flor, un paraguas, etc. 

Considero que puede ser un libro ideal para potenciar una virtud muy característica de los niños y niñas: la creatividad.



                 EL GLOBITO ROJO:

 Al niño se le escapó, 
se le perdió,
debía querer ser otra cosa
el muy juguetón.




Primero, fue manzana
y de un árbol se colgó
pero al verse tan alto
sintió miedo y pensó
"seguro que entre las piedras
me encuentro mucho mejor"
pero la caida fue tan dura
 "crac", que se partió
y enseguida le salieron alas
y en mariposa se convirtió.
Al volar y volar sobre las flores
sintió envidia y pensó
"seguro que yo entre todas 
luzco mucho mejor".

Y al ver tan linda amapola
el niño, que un globo perdió,
se puso tan contento
que la cogió y se la llevó.
Y al jugar y jugar con ella
se dió cuenta, descubrió
que como flor era bonita
pero que cuando sopla el viento y llueve
como paraguas es mucho mejor.


    "Y colorín, colorado, 
este cuento no se ha acabado"

Cuando la lluvia paró
y el viento sopló
del paraguas salió una sombrilla,
pero harta de esperar al sol
decidió ser una flor.
Por suerte,
 alguien que por allí pasó
quiso que creciera 
y en la tierra la plantó.
Y una oruga aventurera
se acercó y le preguntó:

-¿Quieres volar?
-Sí -respondió la flor-
-Pues de eso me encargo yo
Y volaron muy alto, muy alto,
hasta ya no poder más.
La mariposa, cansada,
plegó sus alas
y sin más contra el suelo 
un batacazo.
 



      Se oyó muy fuerte un "crac".
Y un árbol que lo vió todo
le dijo sin dudar
-Ese no es sitio para una manzana
antes de madurar.
-Si te agarras a mi rama
podrás crecer y sanar.
Y fueron pasando los días
y, allí arriba, 
la manzana se aburría.
Ella quería jugar,
asique, sin reparar en la caída,
decició saltar.
-Tranquila -gritó el viento-
-No te dejaré caer.



-Mejor te convierto en globo
para que juegues con él.
Para sorpresa del niño
el globo en su boca se posó.
Pero como ya se sabía el juego,
en lugar de hincharlo,
esta vez lo deshinfló.
 
Y así el globito rojo
que un día se escapó
llega al final de su historia
  tal y como empezó.


Os dejo, a continuación, un videocuento del Globito Rojo. ¡Espero que os guste!

Si os apetece  saber más sobre la autora o sobre la técnica empleada, os invito a visitar el siguiente enlace:http://www.kalandraka.com/blog/wp-content/uploads/2010/03/El-globito-rojo.pdf




¡ Un fuerte abrazo compañer@s!