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Friday, November 1, 2013

FRAGMENTO DE "EL TIEMPO ENTRE COSTURAS"

 
 
Este es un fragmento de la novela "El tiempo entre costuras" de María Dueñas; en el que tiene lugar una conversación entre Sira, la protagonista, y Candelaria, una matutera (mujer que trapichea, que vende cosas de extraperlo), andaluza y un tanto malhablada. Candelaria, que posee un cargamento de armas, anda alterada por la amenaza de Palomares, un policía de Tetuán que no se anda con chiquitas.
 
 
-...


-¿Quién es Palomares?

-El policía con más mala sangre de todo el Marruecos español.

-¿De los de don Claudio?

-Trabaja a sus órdenes,sí. Cuando lo tiene delante, le hace la rosca al jefe pero, en cuanto campa a sus anchas, saca el cabrón una chulería y una mala baba que tiene acobardado con echarle la perpétua a medio Tetuán.

-Y, ¿por qué le ha parado a usted esta noche?

-Porque le ha dado la gana, porque es así de desgraciado y le gusta repartir estopa y asustar a la gente, sobre todo a las mujeres; lleva años haciéndolo y en estos tiempo, más todavía.

-Pero, ¿ha sospechado algo de las pistolas?

-No, hija, no; por suerte no me ha pedido que le abra el bolso ni se ha atrevido a tocarme. Tan solo me ha dicho con su voz asquerosa, dónde vas esta noche, matutera, no estarás metida en alguno de tus chalaneos, cacho perra, y yo le he contestado, vengo de hacerle una visita a una comadre, don Alfredo, que anda mala de las piedras en el riñón. No me fio de tí, matutera, que eres muy guarra y muy fullera, me ha dicho luego el berraco, y yo me he mordido la lengua para no contestarle, aunque a punto he estado de cagarme en todos sus muertos, así que, con el bolso bien firme debajo del sobaco, he apretado el paso encomendándome a María Santísima para que no se me movieran las pistolas del cuerpo, y cuando ya lo había dejado atrás, oigo otra vez su voz cochina a mi espalda, lo mismo paso luego por la pensión y te hago un registro, zorra, a ver que encuentro.

-¿ Y usted cree de verdad que va a venir?

-Lo mismo sí y lo mismo no-respondió encogiéndose de hombros-.Si consigue por ahí a alguna golfa que le haga un apaño y lo deje bien aliviado, igual se olvida de mí. Pero, como no se le enderece la noche, no me extrañaría que tocara la puerta dentro de un rato, sacara a los huéspedes a la escalera y me pusiera la casa patas arriba sin miramientos...
 
Tras la modificación, las palabras destacadas en color han sido sustituidas por las subrayadas y queda de la siguiente forma:
 
-...
-¿Quién es Palomares?
-El policía con más cultura literaria de todo el Marruecos español.
-¿De los de don Claudio?
-Trabaja a sus órdenes,sí. Cuando lo tiene delante, le es fiel al jefe pero, en cuanto campa a sus anchas, saca el devoto  una afición  y una devoción  que tiene asombrado con repartir romances y baladas a medio Tetuán.
-Y, ¿por qué le ha parado a usted esta noche?
-Porque sentia la necesidad, porque es así de romántico y le gusta repartir libros y prestarlos a la gente, sobre todo  a las mujeres; lleva años haciéndolo y en estos tiempo, más todavía.
-Pero, ¿ha sospechado algo de las pistolas?
-No, hija, no; por suerte no me ha pedido que le abra el bolso ni se ha atrevido a tocarme. Tan solo me ha dicho con su voz melodiosa, dónde vas esta noche, poetisa, no estarás metida en alguno de tus sonetos, rapsoda, y yo le he contestado, vengo de hacerle una visita a una comadre, don Alfredo, que anda mala de las piedras en el riñón. No me fio de tí, trovadora, que eres muy tierna y muy apasionada, me ha dicho luego el señor policía, y yo me he contenido para no contestarle, aunque a punto he estado de bendecirle a  todos sus muertos, así que, con el bolso bien firme debajo del brazo, he apretado el paso encomendándome a María Santísima para que no se me movieran las pistolas del cuerpo, y cuando ya lo había dejado atrás, oigo otra vez su voz susurrando  a mi espalda, lo mismo paso luego por la pensión y te hago una visita, ninfa, a ver que encuentro.
-¿ Y usted cree de verdad que va a venir?
-Lo mismo sí y lo mismo no-respondió encogiéndose de hombros-.Si consigue por ahí a alguna escritora  que le recite algunos versos y lo deje ensimismado, igual se olvida de mí. Pero, como no se le enderece la noche, no me extrañaría que tocara la puerta dentro de un rato, sacara a los huéspedes a la escalera y me pusiera la casa como una biblioteca sin  dudas...